La inteligencia artificial ha dado lugar a un nuevo vocabulario en el debate sobre su impacto y sus posibles riesgos, donde términos como «papagayos estocásticos» y «riesgo existencial» han cobrado relevancia. Timnit Gebru, investigadora destacada en este ámbito y conocida por su ruptura con Google tras la publicación de un artículo que denunciaba sesgos en sus modelos de lenguaje, se ha convertido en una voz crítica en esta discusión. Su salida de la compañía dio lugar a la creación de un instituto dedicado a investigar los perjuicios derivados de estas tecnologías y a promover herramientas tecnológicas más imparciales.
Además, Gebru ha anunciado la publicación de su libro titulado «Deep Unlearning: The Rise of AI and the Radicalization of a Tech Idealist», que saldrá a la venta a principios del próximo año. En sus recientes declaraciones, la investigadora ha manifestado su desacuerdo con quienes en la industria de la inteligencia artificial sostienen que esta podría representar una amenaza para la existencia humana. Entre los críticos de su trabajo se encuentra un cofundador de Anthropic, quien ha cuestionado sus investigaciones sobre los «papagayos estocásticos» y ha afirmado que la inteligencia artificial tiene la capacidad de pensar y razonar.
Las críticas de Gebru han coincidido de forma notable con las de algunos sectores de la derecha, que también han expresado su preocupación por estos grupos de altruismo efectivo en el campo de la inteligencia artificial. La investigadora recordó que personalidades como Elon Musk y Peter Thiel han planteado la cuestión del riesgo existencial desde 2013, utilizando un lenguaje similar de manera recurrente. Entre los organismos que advierten sobre estos peligros se encuentra el Future of Life Institute, fundado por Max Tegmark y Jaan Tallinn.
No obstante, Gebru señala que los mismos multimillonarios que patrocinan estas organizaciones se beneficiarán de la salida a bolsa de empresas como Anthropic, lo que plantea un conflicto de intereses respecto a sus advertencias sobre la inteligencia artificial. Según ella, la narrativa en torno al «dios máquina» no solo resulta engañosa, sino que tiene efectos perjudiciales. Asegura que aquellos que más se benefician de los avances tecnológicos son precisamente los que promueven esta visión de amenaza.
Gebru advierte que la retórica de que la inteligencia artificial puede ser la salvación o la destrucción del mundo es utilizada tanto para atraer inversiones como para influir en la acción gubernamental. Al describir esta tecnología como una amenaza existencial, se busca manipular la regulación y la percepción pública. En su análisis, la investigadora también critica cómo los desarrolladores de inteligencia artificial se autodenominan como «creadores del futuro», alertando sobre el peligro de que esta narrativa lleve a la aceptación acrítica de innovaciones que podrían tener consecuencias devastadoras.
En este marco, Gebru enfatiza la necesidad de mantener un enfoque crítico respecto a las afirmaciones vinculadas a la inteligencia artificial, especialmente cuando se utilizan para justificar la falta de regulación o servir a los intereses empresariales de ciertos grupos. Esta postura invita a una reflexión más profunda sobre el papel de la tecnología en la sociedad y sus implicaciones éticas y sociales.
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