Mark Zuckerberg pierde a experto en IA tras solo 11 meses en Meta

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La retención del talento humano en las grandes corporaciones tecnológicas demuestra que las compensaciones económicas extremas no garantizan la lealtad de los empleados. Un ejemplo reciente de esta dinámica es el caso de Andrew Tulloch, un ingeniero de origen australiano que desarrolló una trayectoria de 11 años en Facebook antes de abandonar la compañía Meta tras una permanencia de apenas 11 meses. Su salida se produjo después de aceptar una propuesta de 1.500 millones de dólares vinculada a un contrato de seis años.

Tulloch se incorporó a Meta en 2023, pero su trayectoria previa lo sitúa como uno de los perfiles técnicos de mayor rango en Facebook. En 2016, cuando OpenAI comenzaba sus operaciones, el ingeniero recibió una oferta de Greg Brockman, presidente de la organización. En aquel periodo, Tulloch percibía un salario de 800.000 dólares anuales en Facebook, mientras que la propuesta de OpenAI era de 300.000 dólares, cifra que motivó su decisión de permanecer en su puesto original en ese momento.

La situación cambió radicalmente en 2023 con el auge de ChatGPT, lo que llevó a Tulloch a abandonar Meta para unirse a la startup de inteligencia artificial. Posteriormente, en 2025, colaboró con Mira Murati, la antigua jefa de tecnología de OpenAI, para cofundar Thinking Machines Lab. Tres años después, Mark Zuckerberg intentó adquirir dicha entidad por un importe de 1.000 millones de dólares, una oferta que fue rechazada por Murati.

Tras el rechazo de la adquisición, Zuckerberg se dirigió a varios empleados de la startup, centrando su interés en Tulloch. Según las informaciones disponibles, la propuesta para el ingeniero ascendía a 1.500 millones de dólares por seis años, aunque Meta calificó dicha cifra como «imprecisa y ridícula» al desmentir su existencia. Aunque inicialmente Tulloch rechazó la oferta de Meta, decidió unirse a su antiguo equipo dos meses después para trabajar en un proyecto de superinteligencia. No obstante, tras solo 11 meses en la compañía, anunció su renuncia justo un día después de que Meta presentara un nuevo agente de inteligencia artificial.

El contrato de Tulloch en Meta estaba estructurado de tal forma que, si hubiera alcanzado el salario máximo estipulado, habría percibido unos 250 millones de dólares anuales. Esto se traduce en aproximadamente 961.500 dólares por cada día de trabajo o unos 120.000 dólares por hora. A pesar de estas cifras astronómicas, el ingeniero decidió abandonar la empresa sin aportar detalles sobre los motivos de su marcha.

Este incidente se suma a una serie de casos en los que la búsqueda de expertos en inteligencia artificial ha generado una élite en Silicon Valley, donde los fichajes millonarios no siempre aseguran la permanencia del personal. En 2011, Apple perdió a Ron Johnson, quien aceptó un paquete de acciones de JCPenney superior a los 53 millones de dólares, renunciando a más de 80 millones en acciones de Apple. Johnson permaneció menos de un año como CEO de JCPenney, y las acciones de Apple que dejó atrás alcanzarían hoy un valor superior a los 2.000 millones de dólares.

Otro precedente similar ocurrió con Marissa Mayer, quien fue contratada por Yahoo tras su etapa en Google. A pesar de recibir un salario de 900.000 dólares a la semana, cinco años más tarde Verizon adquirió Yahoo por 4.480 millones de dólares. Asimismo, en 1995, Disney vivió una situación análoga con Michael Ovitz, quien fue nombrado presidente y despedido tras 14 meses, tras lo cual recibió una indemnización de 140 millones de dólares. Estos antecedentes subrayan que las elevadas sumas de dinero no han logrado retener a los talentos durante periodos prolongados.

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Óscar López

Sobre Óscar López

Periodista tecnológico especializado en inteligencia artificial, innovación empresarial y transformación digital. Colaborador de Las Noticias de la IA.

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