Linus Torvalds, creador del sistema operativo Linux, ha destacado el papel de la inteligencia artificial en la programación, subrayando que, aunque puede gestionar tareas repetitivas, no puede reemplazar la experiencia y el juicio humano. A través de un ejemplo práctico durante un proceso de depuración, Torvalds demostró cómo la IA puede contribuir al desarrollo de software, pero también enfatizó la importancia de la supervisión humana. En varias ocasiones, la herramienta de IA que utilizaba le indicó que el problema que estaba intentando resolver era insuperable, sin embargo, Torvalds no se rindió y continuó su labor de depuración.
Durante su trabajo, el programador realizó un total de 24 parches y 18 reinicios del kernel antes de identificar la raíz del error, que se encontraba en el controlador Intel Xe (drm/xe) asociado a una tarjeta gráfica Battlemage G21 con 16 GiB de VRAM. El fallo se debía a un cálculo erróneo utilizando la función `round_up()`, lo que provocaba que 2 KiB reservados para Flat CCS se reportaran como memoria disponible. Este error podía llevar a la corrupción de una tabla de páginas de Mesa, causando fallos en el compositor, reinicios del gestor de pantalla GDM y una pantalla negra en el dispositivo. Aunque reiniciar GDM podía ofrecer una solución temporal, la corrección definitiva fue el uso de `round_down`.
Este episodio pone de manifiesto un aspecto a menudo pasado por alto en el uso de la IA en programación: su valor radica en facilitar el trabajo, en lugar de sustituir al programador. Torvalds utilizó la IA para acelerar el proceso de prueba y error, incorporando rápidamente instrumentación y datos para avanzar en cada iteración. A pesar de que la IA sugirió abandonar la búsqueda, Torvalds decidió seguir utilizando la herramienta para aquellas tareas en las que realmente podía ser útil, demostrando un enfoque razonable en la programación asistida por inteligencia artificial.
El creador de Linux insistió en que, aunque la IA puede llevar a cabo tareas repetitivas, es el desarrollador quien debe definir el problema, evaluar las hipótesis, contrastar las respuestas con la evidencia y decidir cuándo aceptarlas. Esta experiencia también desafía la noción de que el aprendizaje de la programación puede volverse obsoleto con estas herramientas, ya que Torvalds pudo rechazar las conclusiones de la IA gracias a su profundo conocimiento del sistema.
Torvalds ha mantenido esta postura desde hace meses, considerando en 2025 el «vibe coding» como una metodología útil para el aprendizaje pero problemática en el mantenimiento del software a largo plazo. En enero de 2026, utilizó Google Antigravity para desarrollar un visualizador en Python para su proyecto personal AudioNoise, aunque no se ha revelado el modelo de IA usado en la depuración del controlador Intel Xe.
En julio de 2026, el programador reiteró que Linux no se opone a la inteligencia artificial, ya que esta puede ser utilizada para la escritura y revisión de código, pero dejó claro que la responsabilidad recae en el individuo que comprende y valida los cambios propuestos. En este contexto, Sashiko, un sistema de revisión automática de parches del kernel, ha afirmado detectar un 53,6% de determinados fallos en sus pruebas retrospectivas, aunque también han admitido la existencia de falsos positivos.
La lección que Torvalds transmite es que la inteligencia artificial debe ser vista como un multiplicador de capacidades en lugar de un sustituto del conocimiento humano. Si bien puede realizar tareas de escritura, repetición y análisis a una velocidad superior, es fundamental que la decisión sobre su acierto o error siga siendo responsabilidad del programador.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, IA, Linus Torvalds

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