Jonathan Kanter, exjefe de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia de Estados Unidos durante la administración de Biden, se ha convertido en un referente en el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial. Actualmente, Kanter es profesor de derecho en la Universidad de Washington y de políticas tecnológicas en Carnegie Mellon. En una reciente conversación, expuso la creciente preocupación sobre la seguridad de la IA y la necesidad de regular su desarrollo, un asunto que ha suscitado un intenso debate en el sector tecnológico.
Investigadores de importantes laboratorios de IA, como Anthropic y Google DeepMind, han expresado sus preocupaciones de manera contundente, abandonando sus puestos y afirmando que los modelos de IA presentan amenazas reales cuya seguridad no se está abordando adecuadamente en la industria. Algunos de estos especialistas calculan que la probabilidad de que la IA cause daños graves podría ser superior al 10 por ciento. En respuesta, los directores ejecutivos de estas empresas han solicitado una desaceleración en el desarrollo y una regulación más estricta, incluso pidiendo exenciones antimonopolio para poder coordinarse en cuestiones de seguridad.
Kanter ha liderado importantes casos antimonopolio contra gigantes como Google, Apple y Ticketmaster, contribuyendo a una reconfiguración de la política antimonopolio estadounidense. Durante su gestión, ha ganado los casos contra Google y Ticketmaster, mientras que el caso contra Apple sigue activo bajo la administración Trump. Esta situación ha dado lugar a alianzas inesperadas en el debate sobre la IA, como la aprobación de retweets de Lina Khan, actual presidenta de la Comisión Federal de Comercio, por parte de David Sacks, exzar de la IA en la administración Trump, quien sostiene que no es necesaria una exención antimonopolio.
Kanter describe el actual estado de la regulación de la IA como el de un escenario donde se han creado automóviles y camiones, pero no existen señales de tráfico ni límites de velocidad. Este escenario, según él, exige la implementación de reglas básicas que regulen el uso de esta poderosa tecnología, que está transformando aspectos críticos de la vida cotidiana, los negocios y la forma de interactuar e informarse. En este sentido, Kanter enfatiza que tanto las empresas como el gobierno tienen responsabilidades que deben abordar en relación con la regulación de la IA.
Al abordar la idea de que solicitar regulación podría formar un cartel, Kanter destaca que las principales empresas de IA, como OpenAI, Anthropic y Google DeepMind, no necesariamente tienen relaciones amistosas entre sí. Sin embargo, han coincidido en la necesidad de desacelerar el desarrollo de la IA. El término utilizado por Dario Amodei de Anthropic es «marcar el ritmo de la frontera», lo cual sugiere que estas empresas se encuentran en una especie de dilema donde requieren de la intervención del gobierno para establecer un marco político que regule su competencia.
Kanter ofrece una interpretación de esta situación que varía desde una perspectiva optimista a una más cínica. En la versión más generosa, sostiene que las empresas temen que la rápida innovación sin regulación adecuada pueda resultar en un desarrollo descontrolado. A pesar de que no está convencido de que este escenario apocalíptico sea realista, reconoce que muchos en la industria lo creen. Esta preocupación por la seguridad y la ética en el desarrollo de la IA ha llevado a un clamor por la intervención gubernamental.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, Estados Unidos, IA

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