La oposición a la construcción de centros de datos en Estados Unidos ha crecido significativamente en los últimos meses, reflejando un cambio en la percepción pública hacia esta infraestructura. Una reciente encuesta indica que el 75 por ciento de los estadounidenses se opone a que se establezca un centro de datos en su localidad, un aumento notable respecto al 42 por ciento registrado el año anterior. Este panorama se complica para los impulsores de estos proyectos, especialmente con las elecciones de medio término a la vista, que han llevado a figuras políticas de ambos partidos a reconsiderar su postura. Gobernadores como Greg Abbott de Texas y Josh Shapiro de Pensilvania, quienes anteriormente respaldaban la construcción de centros de datos, ahora buscan mostrar su firmeza ante un electorado cada vez más reacio a esta infraestructura.
A pesar de que algunos republicanos se están alejando del apoyo a los centros de datos, incluso con el respaldo entusiasta del expresidente Donald Trump, otros han optado por adoptar una narrativa que apunta a China como responsable del descontento. A finales de agosto, la plataforma X reveló que había identificado 200 cuentas vinculadas a China que contribuían a la difusión de mensajes en contra de los centros de datos, lo que generó una oleada de titulares alarmantes. En un comunicado, incluso el expresidente manifestó que “China no podría estar más contenta con este movimiento anti centros de datos”, utilizando este argumento para fortalecer su defensa de la construcción de estos proyectos.
Esta idea de que la oposición a los centros de datos se debe a una supuesta influencia extranjera, en lugar de preocupaciones ambientales y un sistema político que favorece a los oligarcas, ha sido utilizada como justificación por parte de los defensores de la tecnología. Durante la primavera, informes de grupos de análisis político de tendencia conservadora se emplearon para acusar al Partido Comunista Chino de fomentar narrativas en contra de los centros de datos entre la población estadounidense. En junio, OpenAI prohibió a un grupo de usuarios que, según la empresa, estaban vinculados al gobierno chino y “probando narrativas contra la infraestructura de inteligencia artificial”. Sin embargo, las afirmaciones de que el descontento hacia los centros de datos proviene de una influencia china carecen de pruebas sólidas, según expertos en el tema.
Un informe que circula en Washington D.C. y que sostiene que hay intervención extranjera se basa en insinuaciones más que en evidencias concretas. OpenAI, en su informe de junio, admitió que las cuentas identificadas simplemente estaban aprovechando un descontento ya existente hacia los centros de datos. Recientemente, X identificó 200,000 cuentas en una misma granja de bots, de las cuales solo 200 estaban relacionadas con la oposición a los centros de datos, evidenciando que este fenómeno es mayormente interno.
A pesar de las narrativas que intentan vincular la oposición a los centros de datos con influencias chinas, un análisis realizado por Graphika, una empresa de análisis de redes sociales, reveló que la mayoría de la oposición observada es de origen local. Esta falta de evidencia sobre una intervención significativa del extranjero fue corroborada por Tyler Williams, vicepresidente de inteligencia en Graphika, quien confirmó que la resistencia hacia los centros de datos se mantiene como un fenómeno mayormente nacional.
El blogger Andy Masley, conocido por sus opiniones favorables a los centros de datos, también muestra escepticismo respecto a la narrativa que culpa a China. A pesar de su inclinación hacia el liberalismo, observa que los defensores de la industria suelen callar cuando se menciona el tema chino. Masley ha pedido públicamente información sobre cualquier posible intervención china, pero hasta el momento no ha obtenido nada concreto.
Adicionalmente, es relevante notar que los intentos de culpar a China por el descontento en torno a los centros de datos surgen en el contexto de que miembros de la administración Trump han denunciado que empresas chinas están robando avances estadounidenses en inteligencia artificial. Esto genera confusión sobre el motivo por el cual China buscaría perturbar la infraestructura que supuestamente soporta sus modelos de inteligencia artificial.
Louise Matsakis, editora senior de negocios y experta en asuntos chinos, señala que este episodio revela un malentendido fundamental sobre cómo operan realmente las campañas de influencia chinas. Matsakis considera intrigante cómo China se convierte en un chivo expiatorio en lugar de que la población reflexione sobre sus propios problemas. Según su análisis, estas crisis mediáticas pocas veces se centran realmente en China, sino que son una forma de desviar la atención de las preocupaciones locales.
Por otro lado, un reciente artículo de Paresh Dave destacó la iniciativa de Meta para desarrollar una fuerza laboral robótica en los centros de datos, revelando que algunos de estos lugares cuentan con cafeterías y personal de cocina. Este tipo de detalles subraya la complejidad y los matices que rodean la percepción pública sobre la industria de los centros de datos en Estados Unidos.
Etiquetas: Estados Unidos

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