En enero, Daniel Stenberg decidió cerrar el programa de recompensas por bugs de cURL, uno de los softwares más utilizados a nivel global. Esta decisión no se debió a problemas financieros, sino a la saturación de informes sobre vulnerabilidades generados por inteligencia artificial. Estos informes, aunque bien redactados y convincentes, resultaron ser completamente falsos. Cada uno se elaboraba en cuestión de segundos, pero el tiempo necesario para desestimarlos implicaba varias horas de trabajo para un grupo de voluntarios. La generación de información ha disminuido en términos de coste, pero la necesidad de filtrarla se ha incrementado. El peso de este coste ha cambiado de responsable; ahora, lo asume quien recibe la información, no quien la produce.
Tradicionalmente, cualquier sistema que permitía la participación de desconocidos operaba bajo una norma tácita: la presentación de información requería un esfuerzo considerable. Por ejemplo, enviar una carta de presentación podía llevar una tarde, y un informe de seguridad de cURL, varios días. Este esfuerzo era un indicativo de que quien lo realizaba tenía algo relevante que aportar. Sin embargo, la inteligencia artificial ha transformado por completo esta dinámica. En el ámbito laboral, LinkedIn recibe aproximadamente 11.000 solicitudes de empleo cada minuto, lo que representa un aumento del 45% en comparación con el año anterior. Los reclutadores recurren a filtros automáticos, mientras que los candidatos, a su vez, utilizan inteligencia artificial para responder. Este intercambio se asemeja más a un diálogo entre IAs que a una comunicación humana.
El fenómeno de la generación masiva de información también se ha denominado ‘workslop’ dentro de las empresas. Un estudio realizado por BetterUp Labs y Stanford reveló que el 40% de los trabajadores había recibido en el último mes documentos generados por inteligencia artificial que necesitaban ser reelaborados, lo que requería casi dos horas de trabajo por cada caso. Si bien el uso de inteligencia artificial permite a algunos empleados aumentar su productividad, también les transfiere la carga de trabajo a otros compañeros.
Como respuesta a esta situación, las empresas están comenzando a adoptar un enfoque de negocio que consiste en encarecer el acceso a la producción de información. Si la creación de contenido ya no conlleva un coste significativo, lo que realmente comenzará a tener valor será la capacidad de acceder a este contenido. Esta tendencia señala el inicio de lo que algunos llaman la ‘discordización de Internet’, fase II.
Curiosamente, la tecnología que se había diseñado para democratizar la creación de contenido está revalorizando lo que no puede ser generado por máquinas: la reputación, las relaciones interpersonales y el currículum vitae. En este nuevo contexto, el peso de lo que se dice será menos significativo que quién lo dice. Esto beneficia a aquellos que ya tienen un nombre establecido, mientras que perjudica a los desconocidos que anteriormente podían hacerse oír gracias a su esfuerzo.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, IA
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