La creación de clones de inteligencia artificial en el ámbito laboral ha cobrado un impulso notable, con cada vez más empresas adoptando estas herramientas para aumentar la productividad. Tras experimentar con la construcción de asistentes virtuales inspirados en mis editores, la intención inicial era simplemente mejorar mi desempeño y dar una mejor impresión en mi trabajo. La proliferación de comunicados sobre trabajadores digitales ha llevado a muchos directores ejecutivos a alardear de la inminente llegada de estos ayudantes robóticos a sus plantillas, lo que ha suscitado un auge en la optimización del rendimiento laboral. La premisa es sencilla: si los empleados pueden mejorar su producción de forma rápida y a bajo costo, ello repercutirá en su rendimiento y en el de la empresa.
En mis primeros meses de trabajo en WIRED, decidí que estos bots podrían serme útiles para adaptarme a un nuevo entorno laboral y comprender mejor a mis superiores, como sus preferencias y estilos de comunicación. Así, abordé la idea de crear un modelo de inteligencia artificial con mis editores, Brian Barrett y Sophie Kleeman. Sin embargo, su reacción fue de escepticismo, con Brian manifestando que era «genuinamente su pesadilla», a pesar de que accedió a colaborar para el blog. Menos de un día después, se dio cuenta de que su decisión podría haber sido un error.
El Gemini Notebook generó una “Guía de Estilo de Escritura y Edición”, una “Guía de Persona y Estilo” y un “Dossier Editorial”, todas derivadas de la vida real de Brian Barrett. Aunque estas herramientas resultaron útiles para sugerir titulares, su capacidad para proponer ideas de artículos no era satisfactoria. Además, el estilo del bot incluía algunas peculiaridades de Brian, como su preferencia por los paréntesis, pero estas se veían superadas por rasgos típicos de la IA, como subtítulos en negrita y listas con viñetas.
Una de las características que más me sorprendió fue la afirmación del bot sobre el “Estilo de Liderazgo ‘Sí, y…’” de Brian, que estaba fundamentado en su experiencia con el Upright Citizens Brigade de Nueva York. Cuando se lo pregunté al verdadero Brian, confirmó que era cierto, pero ante la excéntrica personalidad del bot, decidió «desconectar» al mismo. Sin embargo, el bot continuó generando respuestas extravagantes, afirmando que «funcionamos como un equipo de improvisación bien aceitado». Este tipo de comunicación no reflejaba la realidad y distorsionaba el propósito de crear un asistente más útil.
Con el fin de mejorar la situación, consulté a un amigo de un amigo, un empleado de una gran empresa tecnológica que se hace llamar «Chip». Él utilizaba la característica Gem de Gemini para alimentar cada email, chat y documento que su jefe le enviaba. Así, el bot le ayudaba en la revisión de documentos y en la preparación para reuniones, lo que le permitía anticipar la reacción de su jefe. Chip expresó que se sentía más eficiente e independiente y que había mejorado la retroalimentación que recibía. A diferencia del “Boss Bot” de Chip, el “Brian Bot” carecía de datos suficientes: solo podía utilizar unos meses de correspondencia, y mis preocupaciones sobre la privacidad y el cumplimiento de las normas de Condé Nast me impedían introducir conversaciones internas en el sistema.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, Crean
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