El enfrentamiento tecnológico entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo rumbo en los últimos tiempos. Durante los cuatro últimos años, estos dos países han luchado por el acceso a chips avanzados necesarios para desarrollos en inteligencia artificial (IA). A esta competencia se suma ahora la disputa por el acceso a modelos de IA y el control de sus capacidades más desarrolladas. En este contexto, diversas agencias estadounidenses han elevado su crítica hacia China. En particular, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el FBI y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) han señalado a ciertos laboratorios chinos de IA por poner en marcha, desde 2024, amplias campañas de destilación para extraer las capacidades de los modelos de IA más avanzados de Estados Unidos.
El Gobierno estadounidense argumenta que esta estrategia ha permitido a los laboratorios chinos reducir de manera significativa tanto el tiempo como el coste de entrenamiento de sus modelos. No obstante, la destilación no se considera una práctica ilegal ni una forma directa de replicar un modelo de IA. Se trata, de hecho, de un método que permite que un modelo más pequeño reproduzca algunas funciones de uno de mayor envergadura a través de las respuestas que recibe de este último, asemejándose a un proceso educativo donde un modelo actúa como docente y el otro como alumno.
El conflicto surge del hecho de que las autoridades estadounidenses acusan a China de utilizar esta técnica de forma masiva y deliberada para obtener capacidades de modelos estadounidenses a los que no puede acceder de forma directa. A su vez, las tres agencias mencionadas han informado que varios laboratorios chinos han realizado campañas de destilación utilizando una gran cantidad de cuentas, proxies e identidades falsas, coordinando millones de consultas a los modelos estadounidenses.
Estados Unidos sostiene que las empresas chinas de IA emplean técnicas como la inyección de ‘prompts’ y el ‘jailbreak’, que permite obviar las restricciones de seguridad de los modelos, para extraer información normalmente no disponible. Las compañías que, según las agencias estadounidenses, participan en estas prácticas incluyen a DeepSeek, Moonshot AI, Alibaba, MiniMax, StepFun y Z.AI. En este contexto, sus “víctimas” son los modelos avanzados de OpenAI, Anthropic, Google y xAI.
Por su parte, el Gobierno chino rechaza las acusaciones, alegando que carecen de fundamento tanto fáctico como jurídico. Según el Ministerio de Comercio chino, la destilación es una técnica neutral ampliamente utilizada en la industria de la IA. Asimismo, Beijing considera que las acusaciones de Estados Unidos buscan frenar el progreso de los modelos de IA en China y mantener su posición de ventaja.
La respuesta de China no se limita a desmentir las pautas estadounidenses; el Diario del Pueblo, el principal medio oficial del Partido Comunista de China, ha advertido que el Gobierno chino tomará las medidas necesarias si su contraparte estadounidense utiliza estas acusaciones como un pretexto para presionar a los laboratorios de IA chinos.
Un aspecto que no debe pasarse por alto es que, si Estados Unidos logra restringir el acceso de China tanto a chips de IA avanzados como a modelos de frontera, los laboratorios chinos se verán forzados a operar bajo una presión considerable.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, Estados Unidos, IA, China
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